La orientación cultural nos dirige a un cristianismo también enfocado en nosotros mismo. Un cristianismo donde Cristo esta minimizado y donde nosotros somos muy importantes. Un cristianismo enfocado en nuestra felicidad y éxito en la vida. La practica ha comido el mensaje.
Ya no podemos cantar a Dios, si no le decimos que estamos haciendo. Hablamos más de lo que hacemos en la adoración de que hablamos de quien estamos alabando. Nuestra acción es más importante que la persona que adoramos.
Este enfoque egocéntrico produce un mercado que tiene el cristianismo torcido. Vida con propósito, liderazgo con éxito, familia feliz, yo me siento bien con Cristo entre otras temas son ejemplos donde autores cristianos ha metido la auto idolatría en su proyecto cristiano.
El tema que debemos estar anunciando son “las virtudes de Cristo” (1 Pedro 2:9). Cualquier otro anuncio puede ser “otro evangelio” (Gálatas 1:8-9), donde ponemos nuestros ojos en las cosas de este mundo.