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sábado, 5 de enero de 2013

Hermenéutica: Nuestros paradigmas 1

Todos tenemos paradigmas a través de los cuales interpretamos nuestro mundo. Dichos paradigmas pueden ser llamados cosmovisiones. Cada cultura tiene su cosmovisión o manera de ver el mundo.  Si nuestra cosmovisión no esta acorde a la cosmovision biblica, nuestro entendimiento de Dios se hace mas dificil.

Aun los autores de la Biblia llegaron a tener problemas de cosmovisión. Por ejemplo, Habacuc sentía que era inocente ante Dios (Habacuc 1:2-4).
¿Hasta cuándo, Señor, te llamaré y no me harás caso? ¿Hasta cuándo clamaré a ti por causa de la violencia, y no vendrás a salvarnos? ¿Por qué permites que vea yo iniquidad? ¿Por qué me haces espectador del mal? ¡Sólo veo destrucción y violencia! ¡Ante mis ojos surgen pleitos y contiendas! Por eso tu ley carece de fuerza, y la justicia no se aplica con verdad. Por eso los impíos asedian a los justos, y se tuerce la justicia.
Habacuc no está pidiendo que Dios le juzgue, él ya ha decidido que sus enemigos son los que merecen el juicio de Dios. Dios le responde a Habacuc y lo convence de que él (Habacuc) también merece ser juzgado por Dios y después le explica lo que está haciendo y le da un mensaje para el pueblo de Juda.

Nosotros, al igual que Habacuc, suponemos que somos inocentes, que no tenemos pecado ni somos culpables por lo que sucede al nuestro alrededor. Muchos leemos la Biblia como un juicio para "todos los demás". Nos consideramos "víctimas inocentes" y no pensamos que la corrección de Dios en la Biblia sea para nosotros.

En el caso de Habacuc, él presenta la raíz del problema como el orgullo del hombre. El orgullo esta detrás de todos los abusos sociales que existían en Judá. Ellos estaban confiando en su linaje, en vez de confiar en Dios. A consecuencia de su orgullo, se robaban las tierras entre ellos, se burlaban de otros, tenían ganancias injustas, se hacían ídolos entre otras injusticias.

Las consecuencias de nuestra "inocencia" en la interpretación
La Biblia por el contrario, dice que el lector es culpable. 1 Juan 1:10 indica que no podemos suponer nuestra propia inculpabilidad. No podemos sostener que no tenemos pecado sin hacer que Dios sea un mentirosos. Este supuesto rompe nuestra relación con Dios.

Una segunda consecuencia es que al considerarnos justos nos hacemos jueces de los demás... incluyendo a Dios. Nuestro orgullo nos ciega de nuestras propias injusticias y hace que sintamos que tenemos el derecho de juzgar a los demas. Es facil ver las injusticias de otros y sentirnos superiores. Este sentir superior es nuestro orgullo.

Al volvernos jueces, no estamos sujetos a la ley, sino que pasamos a ser personas sin ley. Nadie puede señalar nuestra injusticia. Nuestra rebeldía alcanza su maxima expresión. Nosotros somos los que determinamos la inocencia o culpabilidad de todos los demás. Santiago indica que esta es una ofensa a Dios.
11 Hermanos, no hablen mal los unos de los otros. El que habla mal del hermano y lo juzga, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si tú juzgas a la ley, te eriges en juez de la ley, y no en alguien que debe cumplirla. 12 La ley la ha dado Uno solo, el cual tiene poder para salvar y destruir. Pero tú, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo? (Santiago 4:11-12).
Perdemos la capacidad de interpretar la Biblia correctamente y empezamos a leerla para juzgar Ya sólo tratamos de establecer nuestra propia inocencia.

martes, 4 de agosto de 2009

Aceptos ante Dios "Sólo por Cristo"

Aceptos ante Dios “Sólo por Cristo”

Hace unos días recibí un comentario sobre el artículo “Nuevo Fariseismo”. Este comentario decía que no veía como Romanos 10 podría tener alguna relevancia al culto cristiano ya que Romanos 9 al 11 esta expresando el deseo que Pablo tiene para la salvación en Cristo por sus paisanos.

Estoy de acuerdo que el tema de estos capítulos de Romanos es la salvación de los Judíos.

Dentro de su argumento Pablo indica que algunos de sus paisanos, por ignorancia, no buscan la justicia que Dios nos da por fe y lo reemplazan con sus propias “justicias” (Romanos 10:3). Esto es su “nuevo” culto a Dios. Estas “justicias” o “perfecciones” son la base de su presentación ante Dios en lugar del “sacrificio” que Dios nos da por nuestros pecados.

Nosotros los gentiles también tenemos esta disposición hacia la auto-justificación. En lugar de confiar en el sacrificio de Cristo, buscamos “ser buenos” para recibir la aceptación de Dios. En otras palabras, buscamos la aprobación de Dios sin pasar por el sacrificio de Cristo.

Pablo indica que no hay ninguna distinción entre judío y gentil (Romanos 10:12). Tenemos que estar concientes que nosotros también podemos poner (en nuestras mentes) nuestra piedad, buena conducta, nuestros méritos, nuestras oraciones y nuestra búsqueda por Dios como base por nuestra aceptación en lugar de sólo confiar en el sacrificio de Cristo. En esta manera “ignoramos la justicia que Dios nos da”.

lunes, 25 de febrero de 2008

El consejo de un profesor

Tengo un amigo que acaba de jubilarse de enseñar en la universidad (UANL). Me contaba que tenía reglas para sus estudiantes. Entre estas reglas tenía una que me llamó mucho la atención. Esta regla era que “Soy Mentiroso”. Pensé en un principio que extraña regla. Pero mientras que me explicaba me di cuenta que era una regla para la enseñanza genial.
“Soy mentiroso” significa que los alumnos no podrían citarle a él en sus trabajos. Tenía que establecer otras fuentes para documentar sus argumentos. No valía decir que el maestro me dijo o que el maestro fulano dijo. El alumno estaba obligada a cita fuentes de su propia investigación.
Esta regla también tiene la bondad de eliminar el autoritarismo. Cada quien está obligada a hacer su propia investigación. No podemos citar las opiniones de los demás. Tenemos que ser responsables a citar las fuentes originales (Ad Fontes).
Cuando hablamos de temas cristianos, o religiosos esta regla toma aun más importancia que en la universidad secular. La razón por esto es que la Biblia describe el corazón humano como engañoso sobre todas las cosas. No sólo engañamos a otros, sino engañamos a nosotros mismos. Y este último engaño es la más difícil de todas, porque cuando nos engañamos a nosotros mismos nadie puede corregirnos.
Segundo, el líder religioso no debe citarse a si mismo. Tiene que sentar sus argumentos sobre las Escrituras. A no regresar a la fuente (Ad Fontes) está inventando su propia religión. Jeremías comenta de esta situación en su tiempo.
"Dos son los pecados
que ha cometido mi pueblo:
Me han abandonado a mí,
fuente de agua viva,
y han cavado sus propias cisternas,
cisternas rotas que no retienen agua.”
(Jeremías 2:13 NVI)
La autoridad religiosa no es un sustituto para las Escrituras. Los que tengan autoridad pueden engañarse a sí mismos. Siempre tenemos que regresar a la fuente (Ad Fontes) en las Escrituras para conocer la mente del Señor.
Tercero, tenemos la tendencia de siempre auto-justificarnos. Este es una parte de la naturaleza humana. Pero también significa que siempre tenemos que regresar a la fuente (Ad Fontes) para tener información confiable. Si sólo dependemos de la “inspiración” de nuestros líderes, quedamos en una situación peligrosa, porque puede ser que sólo estamos escuchando sus auto-justificaciones.
En mi caso particular, siempre tengo una razón por lo que hago. Mi conducta se basa en mis razones. No no tengo una razón para hacerlas cosas, difícilmente lo puedo hacer. El peligro ocurre cuando me justifico una acción que no es bueno. Muchas veces mis mismas emociones actúan sobre mis razones, y justifico no en base de la razón o de las Escrituras sino en mis emociones inmediatas.
En la sociología se estudian la disonancia cognoscitiva. Cuando una persona no puede dar razón por sus acciones ocurren cambios en su personalidad y inventa razones para justificar lo que hizo. Así somos débiles frente las acciones que tomamos.
Conclusiones: Uno tiene que regresar a las Escrituras (Ad Fontes) para conocer la verdad. Cuando no lo hacemos quedamos con la posibilidad de engañarnos a nosotros mismos, o de ser engañados por otros, o de engañar a otros con nuestras propias