lunes, 25 de febrero de 2008

El consejo de un profesor

Tengo un amigo que acaba de jubilarse de enseñar en la universidad (UANL). Me contaba que tenía reglas para sus estudiantes. Entre estas reglas tenía una que me llamó mucho la atención. Esta regla era que “Soy Mentiroso”. Pensé en un principio que extraña regla. Pero mientras que me explicaba me di cuenta que era una regla para la enseñanza genial.
“Soy mentiroso” significa que los alumnos no podrían citarle a él en sus trabajos. Tenía que establecer otras fuentes para documentar sus argumentos. No valía decir que el maestro me dijo o que el maestro fulano dijo. El alumno estaba obligada a cita fuentes de su propia investigación.
Esta regla también tiene la bondad de eliminar el autoritarismo. Cada quien está obligada a hacer su propia investigación. No podemos citar las opiniones de los demás. Tenemos que ser responsables a citar las fuentes originales (Ad Fontes).
Cuando hablamos de temas cristianos, o religiosos esta regla toma aun más importancia que en la universidad secular. La razón por esto es que la Biblia describe el corazón humano como engañoso sobre todas las cosas. No sólo engañamos a otros, sino engañamos a nosotros mismos. Y este último engaño es la más difícil de todas, porque cuando nos engañamos a nosotros mismos nadie puede corregirnos.
Segundo, el líder religioso no debe citarse a si mismo. Tiene que sentar sus argumentos sobre las Escrituras. A no regresar a la fuente (Ad Fontes) está inventando su propia religión. Jeremías comenta de esta situación en su tiempo.
"Dos son los pecados
que ha cometido mi pueblo:
Me han abandonado a mí,
fuente de agua viva,
y han cavado sus propias cisternas,
cisternas rotas que no retienen agua.”
(Jeremías 2:13 NVI)
La autoridad religiosa no es un sustituto para las Escrituras. Los que tengan autoridad pueden engañarse a sí mismos. Siempre tenemos que regresar a la fuente (Ad Fontes) en las Escrituras para conocer la mente del Señor.
Tercero, tenemos la tendencia de siempre auto-justificarnos. Este es una parte de la naturaleza humana. Pero también significa que siempre tenemos que regresar a la fuente (Ad Fontes) para tener información confiable. Si sólo dependemos de la “inspiración” de nuestros líderes, quedamos en una situación peligrosa, porque puede ser que sólo estamos escuchando sus auto-justificaciones.
En mi caso particular, siempre tengo una razón por lo que hago. Mi conducta se basa en mis razones. No no tengo una razón para hacerlas cosas, difícilmente lo puedo hacer. El peligro ocurre cuando me justifico una acción que no es bueno. Muchas veces mis mismas emociones actúan sobre mis razones, y justifico no en base de la razón o de las Escrituras sino en mis emociones inmediatas.
En la sociología se estudian la disonancia cognoscitiva. Cuando una persona no puede dar razón por sus acciones ocurren cambios en su personalidad y inventa razones para justificar lo que hizo. Así somos débiles frente las acciones que tomamos.
Conclusiones: Uno tiene que regresar a las Escrituras (Ad Fontes) para conocer la verdad. Cuando no lo hacemos quedamos con la posibilidad de engañarnos a nosotros mismos, o de ser engañados por otros, o de engañar a otros con nuestras propias