jueves, 22 de enero de 2009

“Creo en la profecía"


Hace poco hablé con un pastor, quien me dijo: "creo en la profecía". Pero la profecía es una de las cosas más peligrosas en la historia de la iglesia. Basta con unos ejemplos para mostrar el problema. Los profetas: Montano (150 DC.), Mahoma (630 DC) y José Smith (1824 DC) son algunos ejemplos de cuán peligrosa puede ser la profecía.
Uno puede preguntar: ¿qué hace tan peligrosa a la profecía? Para responder esta pregunta tenemos que definir la palabra "profeta". La definición viene en Éxodo 6:28-7:5. Moisés se queja ante Dios, argumentado que no sabe hablar y Dios le responde que Aarón será su "portavoz". Así, un profeta es una portavoz de Dios. El profeta debe compartir las palabras de Dios mismo. Esto tiene varias implicaciones. Implica, como dice la Biblia, que un profeta no puede equivocarse, porque si se equivoca significaría que Dios mismo había equivocado. Por lo tanto, si un profeta se equivoca, es Dios mismo quien conduce a la gente al error. Tal vez te preguntes "¿Cómo podré discernir si un mensaje proviene del Señor?" La respuesta la da Deuteronomio: "Si lo que el profeta proclame en nombre del Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas" (Deuteronomio 18:21-22 NVI-1999).


 

Claro que en ocasiones los profetas hacen declaraciones condicionales, pero cuando afirman que algo tiene que pasar, y no sucede, las Escrituras los califican de falsos.

 

Falsos profetas
La Biblia misma declara que hay falsos profetas. Los falsos profetas se encuentran en todas las partes de la Biblia. Sería interesante hacer una lista de todos los falsos profetas y hacer un perfil tanto de su persona como de sus profecías. Jeremías escribe una crítica clásica de los falsos profetas en el capítulo 23. Jeremías había profetizado que el juicio de Dios habría de causar la destrucción del pueblo, pero los falsos profetas negaban el mensaje de Jeremías, basados en un mensaje que provenía de su corazón, que no conocía a Dios:
Así dice el Señor Todopoderoso: «No hagan caso de lo que dicen los profetas, pues alientan en ustedes falsas esperanzas; cuentan visiones que se han imaginado y que no proceden de la boca del Señor. A los que me desprecian les aseguran que yo digo que gozarán de bienestar; a los que obedecen los dictados de su terco corazón les dicen que no les sobrevendrá ningún mal. (Jeremías 23:16-17 NVI-1999)

 

A partir de Jeremías podemos llegar a la conclusión de que la profecía falsa va a hablarnos de:
  1. Falsas esperanzas
  2. Cosas imaginarias
  3. Proclamaron prosperidad o bienestar
  4. Que no vendrá ningún mal sobre uno.
  5. Negaron la ira y juicio de Dios.

Según Jeremías estos profetas abusaron de la palabra, diciéndoles a los gobernantes lo que ellos querían escuchar. Los falsos profetas sólo le dicen a la gente lo que ésta quiere escuchar: éxito, prosperidad, una vida sin problemas, familias felices entre otras cosas. Jamás hablan de los pecados o el juicio. Esto nos daría una base para evaluar todos los profetas que tenemos hoy.
También en ambos testamentos tenemos el criterio de Dios para evaluar a los profetas y sus mensajes. Deuteronomio 18:21 hace la pregunta, "¿Cómo podré reconocer un mensaje que no provenga del Señor?" y en 1 Juan 4:2 dice, "En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu de Dios,…"
Así la Biblia pide que juzguemos a quienes proclaman mensajes en las iglesias. No debemos aceptar todos los mensajes que se den. "Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen" (1Co 14:29 RV60). No debemos aceptar todas las profecías sin pasarlos por un proceso de evaluación.

La evaluación que hacemos de la profecía tiene que ser igual hoy:
  1. Todo lo que el profeta diga tiene que cumplirse o es un falso.
  2. No puede ir en pos de otros dioses (Deuteronomio 13:
  3. El profeta debe denunciar el pecado y proclamar el juicio, y no solo las buenas cosas.
  4. El profeta falso promueve la satisfacción de las inquietudes de la gente.
  5. El profeta falso promueva esperanzas personales que no se alinean con el propósito de la Palabra de Dios.

1 Juan 4:1-6 también nos ayuda a entender mejor los profetas. Juan establece normas para probar si un mensaje viene de Dios. El establece tres criterios para juzgar un mensaje:
  1. Que reconoce que Jesús ha venido en el cuerpo (1 Juan 4:2).
  2. Que debe ser reconocidos como falsos si hablan del mundo (1 Juan 4:5). Lo que Juan entiende por mundo está definido en 1 Juan 2:16 como "los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos, y la arrogancia de la vida"…
  3. Que escucha a las Escrituras (si Juan dice, "Nosotros somos de Dios, el que conoce a Dios nos oye; el que no es de Dios no nos oye" (1 Juan 4:6), está hablando como un autor (apóstol) de las escrituras y no solo como cualquier persona cristiana.)
La sana profecía    
¿Qué criterio nos da la Biblia para la sana profecía?

 
Jesús indica que la verdadera profecía en el Antiguo Testamento habla de Él. Jesús es el contenido de la profecía. Esta misma idea también se expresa en Apocalipsis donde dice,
Yo (Juan) me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Apocalipsis 19:10 RV60).

Esto, obviamente, contradice a muchas profecías de hoy, que nada más hablan de la prosperidad de la persona o su futuro éxito en la vida. La profecía bíblica es el testimonio (acerca) de Jesús.

¿Qué pasa cuando uno cree en la profecía?
Este fenómeno es muy interesante. Muchos invierten mucho tiempo buscando "una palabra" para sus propias vidas. De hecho muchos invierten más tiempo en buscar esta palabra que la que invierten en estudiar la Biblia. Uno mismo pasa a ser el centro de los mensajes proféticos. El centro de este tipo de profecía no es como la Biblia, donde el centro es Cristo, su propia persona.  En este tipo de pensamiento profético la persona reemplaza a Cristo y se coloca a sí misma en el centro. De esa manera se llega a ser un "anti-Cristo", y a creer que la palabra de Dios está hablando de uno mismo. El resultado es que ya no conocemos a Cristo y seguimos más a Sócrates quien dijo: "conócete a ti mismo" que a Pablo, quien dijo:
  1. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero (Efesios 1:18-21 NVI-1999).
  2. Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios (Efesios 3:16-19 NVI-1999).
La profecía que no conduce al conocimiento de Cristo, es adivinación. La profecía que sólo habla de mi suerte en la vida y no me ayuda a conocer a Cristo es adivinación. Si Walter Mercado o el horóscopo y el profeta en la iglesia dan el mismo mensaje, entonces deben tiener el mismo señor.