lunes, 5 de enero de 2015

Recibir a Cristo

Recibir a Cristo

Muchas veces escuchamos la frase: “recibir a Cristo”.  Generalmente se usa para indicar una conversión. Por ejemplo: “recibí a Cristo en mi corazón”.  Se repite este frase muchas veces, pero no con las implicaciones. En este artículo quiero hablar de unas acciones que están asociadas con este concepto en algunos pasajes del Nuevo Testamento. ¿Qué significa? ¿Qué implicaciones tiene? ¿Qué responsabilidades vienen con recibir a Jesús?

En los pasajes asociados con el “recibir”, hay otros tres verbos/acciones que corren juntos: recibir, vino, creer y ir.

Primer pasaje:
En el evangelio de Juan dice: A lo Suyo vino, y los Suyos no Lo recibieron. Pero a todos los que Lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios (Juan 1:11-13).

Ve que Jesus “vino”, fue “recibido” (o no recibido), y el recibir implica “cree en Su nombre”. Este texto también excluye la posibilidad de que la salvación sea por la voluntad (decisión) humana.
 
Segundo pasaje:
Jesús fue enviado por el Padre a este mundo con la misión de salvar los Suyos. Cuando llamó a sus discípulos era para que ellos también participaran en la misión. El discipulado era para prepararles en la misión.  El entrenamiento incluía viajes de “misión” para anunciar el Reino de Dios. Las instrucciones para estas “misiones” nos dan mucha luz de como realizar la misión de Jesús.  Estas instrucciones se encuentran en los evangelios sinópticos, es decir Mateo, Marcos y Lucas.

    Entonces Jesús llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles     autoridad sobre los espíritus inmundos; y les ordenó que no llevaran nada para el     camino, sino sólo un bordón; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinto; sino calzados con     sandalias. “No lleven dos túnicas,” les dijo. Y añadió: “Dondequiera que entren en una     casa, quédense en ella hasta que salgan de la población. En cualquier lugar que no     los reciban ni los escuchen, al salir de allí, sacúdanse el polvo de la planta de los pies     en testimonio contra ellos (Marcos 6:7-11 NBLH).

Jesús instruyó a sus discípulos de no llevar nada con ellos cuando fueron a la misión y que debían quedarse en la casa de los que les “recibieron” hasta que salieran del pueblito.

Es claro que Jesús tenía en mente que la recepción que iban a recibir sus discípulos incluía el cuidado de su bienestar (ropa, dinero, alimento) porque Jesús no les enviaba con su sostén económico. Iban como pobres. Si el evangelio iba a tener éxito, la gente que los recibía tenía que darles sostén económico para la propagación del evangelio. Jesús tampoco fue enviado a este mundo con un sostén económico.

Tercer pasaje:
En el evangelio de Juan, Jesús dice a sus discípulos:
“Paz a ustedes como el Padre me ha enviado, así también yo les envío” (Juan 20:21). 
Jesús encargó a sus discípulos a continuar con Su misión. No termina la misión de Jesús con la cruz, resurrección y ascensión, sino con la participación de sus seguidores en la misión.


Cuarto pasaje:
Ahora vemos a la palabra “recibir” en 2 y 3 de Juan.  Aquí tenemos indicaciones para los que están en la misión de Jesus, a los que están predicando. 

Primero hay que entender que las iglesias, a las que estaba escribiendo Juan, no eran denominaciones. Eran iglesias locales que no tenían otra afiliación. Hoy, el denominacionalismo limita el apoyo económico que reciben los cristianos en misión. Esta es una división falsa del cuerpo de Cristo.

Tengan ustedes cuidado para que no pierdan lo que hemos logrado, sino que reciban     abundante recompensa. Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza     (doctrina) de Cristo, no tiene a Dios. El que permanece en la enseñanza tiene tanto al     Padre como al Hijo. Si alguien viene a ustedes y no trae esta enseñanza (doctrina), no lo reciban en casa, ni lo saluden, pues el que lo saluda participa en sus malas obras.     (2 Juan 1:8-11 NBLH)

Esta carta responde a un problema pastoral importante. En la iglesia primitiva había personas que salieron a predicar el evangelio. Pero no todos los predicadores entendieron el Evangelio, como sucede hoy en dia. Era un peligro para la iglesia que se pudiese anunciar "otro evangelio", sino que fuese un engaño. Esta carta responde a estos que predican un mensaje distinto de la enseñanza cristiana.

“No lo reciban en casa”, incluia tambien algún sostén económico.   El apoyo económico viene de todos. No es automático. Juan indica que cada miembro es responsable de EVALUAR a los invitados. Si ellos, es decir, la congregación encuentra que el predicador no está predicando el evangelio de Cristo no deben de dar apoyo economico.

Note la responsabilidad que tienen los laicos en la selección de predicadores en la iglesia.

Quinto pasaje:
Escribí algo a la iglesia, pero Diótrefes, a quien le gusta ser el primero entre ellos, no acepta lo que decimos. Por esta razón, si voy, llamaré la atención a las obras que hace, acusándonos injustamente con palabras maliciosas. No satisfecho con esto, él mismo no recibe a los hermanos, se lo prohíbe a los que quieren hacerlo y los expulsa de la iglesia. (3 Juan 9-10 NBLH)

3 Juan está escrito para responder al problema de que un pastor no recibía a unos "misioneros" que iban de paso por su iglesia. Estos misioneros habían sido enviados por otra iglesia. A estos misioneros aparentemente no los conocía Diótrefes. Probablemente no eran pastores o misioneros de profesión, pero eran hermanos en la fe.

1. "...a quien le gusta ser el primero entre ellos..."
2. "... acusándonos injustamente con palabras maliciosas..."
3, "...no recibe a los hermanos..."
4. "... se prohibe a los que quieren hacerlo..."
5. "... los expulsa de la iglesia..."

Diótrefes, el pastor de la congregación, negaba recibir a otros de la misión de Cristo en su púlpito  y apoyarles económicamente para su misión en su viaje. 3 Juan le reprende por su mala actitud. Juan esperaba que iba a recibir a los “misioneros” y apoyarlos económicamente.

Conclusiones:

  1. Recibimos a Cristo cuando creemos en Él (Juan 1:11-13).
  2. Tenemos la tarea de unir a la misión de Jesús y anunciar el evangelio (Juan 20:17).
  3. La responsabilidad de evaluar a quien predica no es solamente del pastor o los líderes de una congregación, sino de toda la audiencia. Ellos tienen la responsabilidad de EVALUAR los mensajes y decidir si están de acuerdo con el evangelio o no. Porque si no están de acuerdo con el evangelio y ellos ofrendan para apoyar su “ministerio” (si podemos llamarlo “ministerio”), ellos van a ser juzgados por su apoyo con el mismo castigo que recibe el predicador falso.
  4. Cada cristiano tiene la responsabilidad de evaluar los sermones que escucha para ver si están de acuerdo con las Escritura.
  5. Es la responsabilidad de todos los cristianos (las iglesias) apoyar la misión de Cristo en este mundo. No debemos cerrar nuestros corazones, por causa de nuestro orgullo, o egoísmo, .... (3 Juan 8-11).