sábado, 8 de septiembre de 2007

Divorcio en la iglesia

Divorcio en la iglesia:
Como hemos re-inventado nuestra religión

Hoy tenemos un divorcio entre el Espíritu y la Palabra. Pensamos si hay un "mover" del Espíritu va a ser separado de las Escrituras. "La palabra mata, pero el Espíritu da vida" se cita muchas veces en la cultura evangélica popular como receta para no estudiar en serio las Escrituras. Esto es basado en una mala interpretación de la frase. La Biblia o las Escrituras son las palabras del Espíritu.

El segundo divorcio esta entre la Profecía y Cristo. Tenemos una plaga de profetas hoy que "profeticen" la suerte de uno en la vida: sus novios, nacimientos, prosperidades, negocios, sanidades entre otras cosas. Pero en la Biblia la profecía era concentrada en Jesús. Lucas registra que Jesús dijo, todo la profecía bíblica (el Antiguo Testamento) se trata de él mismo (Lucas 24:44). ¿No crees que debe haber una relación de la profecía con Jesús hoy también?

El tercer divorcio se trata de que tenemos una Espiritualidad sin Escritura, Es decir que creemos que podemos buscar que Dios nos habla fuera de la Biblia. Si entro en la presencia de Dios por cantar, gritar, orar y adorar Dios me va a hablar sin la Biblia. Esto es en contra de lo que Pablo enseña en repetidas ocasiones.

Hermanos, todo esto lo he aplicado a Apolos y a mí mismo para beneficio de ustedes, con el fin de que aprendan de nosotros aquello de "no ir más allá de lo que está escrito". Así ninguno de ustedes podrá engreírse de haber favorecido al uno en perjuicio del otro" (1 Corintios 4:6).

O dicho de forma positiva,

"Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra"

(2 Timoteo 3:14-17).

Luego tenemos el divorcio entre las Escrituras y Cristo. Esto consiste en que nuestra interpretación de las Escrituras hoy no se enfoca en Jesús, sino en nosotros mismos. Según las promesas se cumplen en nosotros mismos. Hemos perdido el cristocentrismo de las Escrituras y quedan con un narcisismo, donde nosotros nos hemos puesto en el centro y Jesús en la periferia.

Pero todas las promesas se centran en Cristo.

¡Qué torpes son ustedes --les dijo--, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. (Lucas 24:25-27)