jueves, 3 de diciembre de 2015

SILOH: Profecía de misterio, Fe y Esperanza

SILOH, PROFECÍA DE MISTERIO, FE Y ESPERANZA
(PREDICACIÓN DEL PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO EN LA IGLESIA CRISTIANA PRÍNCIPE DE PAZ. PASTOR EUGENIO TORRES)


INTRODUCCIÓN. Al ver de manera profética este pasaje, deberemos tener en cuenta que, como dijo el apóstol Pablo:
«...pues en él se cumplen todas las promesas de Dios. Por esto, cuando alabamos a Dios, decimos «Amén» por medio de Cristo Jesús» 2 Corintios 1:20.
Cristo es el centro de todo cumplimiento de los propósitos de Dios. Desde Génesis hasta Malaquías el anunciado es Cristo, el símbolo representado en toda profecía es Cristo y a él apunta todo, en él se cumple todo, como lo veremos en esta profecía de las bendiciones de Jacob para sus hijos y para todas las etnias.
Génesis 49:8-13
Génesis 49: 8 Judá, te alabarán tus hermanos; Tu mano en la cerviz de tus enemigos; Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.

1. JUDÁ, GRACIA DE DIOS: Alabado por gracia de Dios. No se le concedió por ningún mérito, sino por voluntad divina.

 En las bendiciones dadas por Jacob a sus hijos, tenemos las relaciones familiares presentes.
Recordemos que la familia es vital en La Escritura, pues sus elementos espirituales están presentes en la vida con Dios.

No perdamos de vista que la iglesia de Dios es su familia y que el Señor da a luz hijos en el Espíritu, tal como lo afirma Pablo: «de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es (nacida de nuevo), las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas», y por su parte Juan afirma «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios».
Más aún, hemos de destacar la acción de Jacob, quien desplaza la bendición mayor, de Rubén a Judá, debido al gran pecado de Rubén, de haber tenido sexo con una concubina de Jacob, su padre. (Al respecto quiero mencionar que solemos subrayar la necesidad de perdonar a los padres, línea seguida por la psicología y por consejeros familiares, sin embargo poco hincapié se hace a la hora de ver las heridas que los hijos causan a los padres, algunas mayúsculas, como la de Rubén, pero aún así, un padre que ama no deja de orar y bendecir a sus hijos, como lo hizo Jacob).

Dicho desplazamiento, de dar la bendición mayor a Judá en vez de dársela a Rubén, encuentra su motivo, no en el pecado de Rubén, ni en el rencor o enojo de Jacob, sino en la GRACIA de Dios para con Judá.

Toco cuanto concierne a la acción de Dios sobre el hombre, ha de verse con la lupa de la gracia. Todo, absolutamente todo, de Dios para con el hombre, tiene la óptica de la gracia, y si no, basta con verse a sí mismo con vida...

A partir de la voluntad divina, además, es necesario ver la soberanía de Dios para llevar a cabo sus proyectos y planes, por gracia y por medio de quien la da, Cristo.

Todo en él (Cristo) revela la persona, valores, atributos, carácter y propósitos divinos, desde la eternidad, santidad, justicia, soberanía, misericordia...

2. UNIDAD Y ARMONÍA FAMILIAR Judá, te alabarán tus hermanos... Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.

Una familia armoniosa es posible sólo por la presencia de Dios en ella. La unidad y la armonía son factibles en las manos de Dios por medio de la acción del Espíritu Santo.

Son destruidas ambas (armonía y unidad) por la acción del pecado. Sin embargo, cuando un miembro de la familia reconoce la bendición del Señor en otro miembro de la familia, eso viene de la presencia de Dios en la familia, pues la envidia, la lucha por imponerse o sobresalir, son hechos a un lado cuando por medio de su Espíritu Dios hace la armonía en la familia y en las relaciones de unos con otros.

Que un hermano se incline (dé honra a otro), en reconocimiento de la obra de Dios en el hermano, honra y da gloria a Dios.

Y en Judá se prevé, se mira de antemano, cómo se construye, con el Espíritu del Señor, la relación armoniosa en la familia, de naturaleza eminentemente espiritual, que es la iglesia del Señor.
De este modo vemos su realización en la vida de la familia del Señor (la iglesia), quien oró porque su iglesia, mostrada inicialmente en sus discípulos, fuera uno, como el Hijo y el Padre lo son en su naturaleza espiritual.

La armonía, como demostración de la presencia de Dios se ve como antelación de la armonía que la familia de Dios tendrá por la eternidad, con ausencia de toda muestra de pecado, como la competencia, la lucha y la envidia.

3. FAMILIA COMO FUERZA DE PODER. Un rasgo más, es que la familia es centro de poder, núcleo de fuerza, vigor y fortaleza.

Dice el salmo Salmos 127:3-5: He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.

Si nos imaginamos un encuentro entre hombres aguerridos y uno de ellos corriese el riesgo de ser confrontado, incluso agredido o se le hablase con violencia, ello sería posible para con un hombre con hijas o con uno o dos hijos... pero en caso de tener un montón de hijos, éstos, respaldando a su padre, jamás permitirían que nadie le hable ni siquiera en voz alta o de malos modos.

En esta familia alguien, un miembro de ella, recibe honor. Judá, como centro de adoración y honor. Dice Salmos 22:22: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. Dios, como centro de adoración, y los hermanos incluidos en ella, es revelación que avanza y se cumple en Cristo.

Como receptora de fuerzo y poder, la familia de Dios, el cuerpo de Cristo, la iglesia, recibe todo poder del Señor, quien es llamado «Jehová de los ejércitos», cuyo significado es «Jehová el todopoderoso». Y tal Dios, tal Señor, es quien da su poder a la iglesia, ante quien «las fuerzas del hades no prevalecerán».

El Señor todopoderoso habita en su casa, la iglesia, la familia de Dios, es tesis sustentada por el apóstol Pablo en los primeros capítulos de su Epístola A los corintios.
Y en el centro de la familia, el monarca detentador el poder, es ni más ni menos que el cordero inmolado, descendiente de Judá, poseedor del cetro de mando.

Cachorro de león, Judá; De la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, Así como león viejo: ¿quién lo despertará? Génesis 49:9 

1. CACHORRO. El poder no es de él. El león, como rey de la selva, es asimismo, símbolo de majestad y poder en la profecía de Jacob.

No obstante, el cachorro no es poderoso. De hecho, es más como una mascota, como un felino tierno. ¿Qué representa, en todo caso como cachorro? ¡La soberanía, la gracia y el poder de Dios sobre él, como receptor de toda buena dádiva del cielo!

Representa a todo aquél que se sabe dependiente del Señor, a semejanza de David, quien, como jovenzuelo, se ofrece para pelear contra el gigante Goliat, pero a los ojos del rey es más digno de lástima que de admiración por su aspecto.

Su mismo aspecto es más para admirarse de que el joven piense de sí mismo como alguien con capacidades físicas para pelear contra un gigantón.

En algún pueblo hubieran pensado de él que era un «ñango», alguien sin fortaleza, ni carácter, alguien siquiera indigno de invitarlo a pelear. Nos recuerda a Pablo, quien dijo de sí mismo «porque cuando soy débil (asténico), soy fuerte».

Jovenzuelo entusiasta, David, hace alarde, con buen espíritu, de haber luchado contra leones y haberlos vencido para arrancarles de las fauces algún cordero u oveja de su rebaño. Por lo tanto, si ha vencido leones, ¿quién es ese incircunciso para que provoque a los escuadrones del Señor? Y al final, en el encuentro contra el incircunciso, declara categóricamente:
«Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos». 1 Samuel 17:45-47

«Sin mí nada podrán hacer», les (nos) dijo el Señor a sus seguidores. De él viene todo poder, fortaleza y victoria, por eso la gloria le es dada sólo a él.

En la realidad del Antiguo y del Nuevo Testamento, nada ni nadie tiene poder, ni pizca, para confrontar y mover al Señor un ápice de sus propósitos, menos para librar una gesta o batalla contra él.

2. VIDA DE CONFORT
«Se encorvó, se echó como león, Así como león viejo: ¿quién lo despertará? 
El cachorro se hace viejo. Vive en la historia la paz de la eternidad. Dios irrumpe en la historia de sus amados. La eternidad se incrusta en nuestra historia, se hace carne, se hila con la circunstancia humana, se hace fibra, hilo, nudo, retruécano, se entreteje con nuestras vidas en Cristo.
«En Cristo» es frase acuñada por Pablo. Un botón de muestra es 2 Corintios 5:17:
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».
«En Cristo somos más que vencedores», y Romanos 8:39 dice que... «ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Y si seguimos, 1 Corintios 1:30-31 dice: «Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor».

El confort, la paz más completa, la concede el Señor «en Cristo». Y todo joven, todo ser, a fin de cuentas histórico, conoce la tribulación, la angustia y zozobra, así como el pesar y las preocupaciones.
Sin embargo, en medio de todo pesar y situación angustiosa, el creyente en Dios y en la obra de Cristo tiene una certeza: Dios es digno de confianza en todo cuanto vive, en todo cuanto padece.
La paz de Dios, dada por medio de Cristo, cobra realidad en el tejido de nuestro sufrimiento. Dicha paz carece de explicación, como no sea el misterio del obrar del Espíritu Santo en nuestro corazón, mente, espíritu, alma, mente y emociones... en nuestro ser, de manera holística.

La paz que el mundo no conoce, es la dada por Cristo, no como el mundo la da, en su momento, el gobierno romano, cuya «paz romana», esencialmente, consistía en apagar todo revuelo social, todo accionar escandaloso, todo escándalo o ruido causado por cualquier multitud.

Para ello se enviaba de inmediato un contingente de soldados romanos a apalear a las turbas, con todo y donde les cayera. Así, fungiendo como policías antimotines, la paz romana era, en esencia, una paz impuesta socialmente, donde no se percibían ruidos molestos o alborotos.

¿Cuál es entonces la paz dada por Dios? ¡Es eminentemente espiritual! No es exógena, no viene del exterior, ni es exógena, como si fuera producto de una meditación trascendental, como repetir mantras... ¡no! ¡No es humana! ¡Viene de lo alto! ¡Viene de Dios!, así que al hombre le es dada de lo alto por medio de Cristo, y el león cachorro es pintado como león viejo, echado, relajado, en confort, porque el gobierno de Dios en él cobra vida, se manifiesta y revela en una plenitud creciente, de gracia, y en la dependencia de Dios en Cristo.

Paz espiritual, don de Dios, sólo es posible en Cristo, y es dada por gracia y de modo soberano a los elegidos por Dios, creyentes y adoradores de él en Cristo.
No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos. Génesis 49:10

1. PROFECÍA DE MISTERIO.
 «Hasta que venga Siloh».
Siloh, nombre en el misterio, el del significado desconocido. ¿Qué significa? ¿Qué quiere decir y a dónde o a quién conduce?

Su significado no es tan importante, sino saber, a la luz de la profecía, que Dios tiene un plan y lo cumplirá. Si a menudo los intérpretes de La Escritura han errado, ¡incluso en textos «no misteriosos»!
¿Cómo pensar entonces de Siloh? ¿Cuál debe ser alguna posible conclusión?
Primero dejemos asentada una verdad obvia en La Biblia: la profecía no es un augurio ni vaticinio ni un mensaje de un suceso por venir.

Tampoco es una cartografía de eventos futuros o una especie de agenda con sucesos y personajes de días, meses o años venideros.

Eminentemente la profecía es un mensaje que transmite la voluntad de Dios para su pueblo, y el profeta es un vocero y nada más. Un «correveidile», un portavoz de quien lo comisiona a dar una palabra, mensaje o recado. Heraldo también lo definiría bien.

¿Y cuál es la voluntad de Dios al hablar de Siloh? ¡Hablar del gobernante que él desea para su pueblo!

El misterio, como tal, nos enfoca en su voluntad y de allí nos lleva a la paciente obediencia, a la obediencia y paciencia, a la espera y a la expectativa de lo que hará, y será lo mejor para todo el planeta tierra.

Por lo tanto, nos lleva a la confianza, esperanza y fe. Veámoslo.

2. CONFIANZA.
Confianza. porque viene de Dios. Todo lo bueno viene de lo alto, todo designio divino tiene por meta bendecir al ser humano de manera global, holística... completa y total, en abundancia de compasión y misericordia.

Confiar en Dios nos da descanso. Aún si ignoramos definiciones (que Dios, por cierto, no nos deja en ceguera intelectual) el Señor nos instruye para saber de sus planes, pensamientos, intenciones y proyectos.

Nos da conocimiento que hemos perdido a causa de nuestro pecado, y nos da guía moral y espiritual para no errar.

Nos concede conocer sus planes a futuro y detalles, algunos velados, otros lúcidos, pero no nos deja ni en angustia o zozobra, mucho menos en desesperanza.

Asimismo nos ha dado constancia de su obrar compasivo, de su providencia, amor, compasión, misericordia, bondad, generosidad, poder, soberanía, omnisciencia y santidad...  a lo largo de siglos.
Confiamos en quienes conocemos debido a las muestras dadas de absoluta confiabilidad en su palabra.

No ha dejado de cumplir lo prometido, bueno o malo. Cuando prometió bienes los dio, así como dio castigo, enfermedad y muerte o calamidades.
Dios es confiable, por lo tanto su profecía «de misterio» no demerita lo confiable que es él, ni disminuye la certeza de que cumplirá su propósito para su gloria. El salmista lo expresó la confianza en el Señor de modo categórico:
 « Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos». Salmos 138:8
Confiaba, en plenitud, en que el Señor no dejaría sus planes inconclusos. Y con respecto a Siloh, menos.


3. FE. Creo, aunque no entiendo. No entiendo, pero lo creo. Creerle al Señor le da gloria. En toda La Escritura se vive todo lo fundamentado en Génesis, como dijo el salmista:  Dios cumplirá su propósito en mí, dijo un salmista.

Abraham es otro que deposita su fe en el Señor y le cree todo. Literalmente le cree todo. Casado con una mujer estéril, le cree al Señor la promesa de que tendrá hijos por medio de Sara y que será padre de multitudes y naciones, como estrellas hay en el cielo.

Y le creyó. Caminar con Dios presupone creerle, tenerle fe. Para ello sólo hay que hacer lo pedido por él. Aun si no se ve el camino, hay que dar el paso hasta donde él diga. No más. Tampoco menos.
Si él manda ir a un lugar, hay que ir. El próximo paso dirá él cuándo darlo, hacia dónde, cómo... uno no debe estar ansioso por lo que sigue. Sólo hay que creerle y llegar hasta donde él diga. Si él dice que un descendiente de Judá ostentará el poder, sin duda así será.
Y que de él (Judá) saldrá un legislador, sin duda así será. Porque Dios lo ha dicho, lo ha prometido y la profecía dada por Jacob, dada como bendición, nos dice que las bendiciones del Señor nos llegan en las formas que él decida expresar.

Pero además, creer en este gobernante prometido nos encara con depositar en él también la fe, pues viene ni más ni menos que de parte de Dios, es el gobernante que llena los estándares del Señor.
Por lo tanto, tenerle fe lo coloca, de suyo, en una posición de divinidad. No es el ser mitológico del hinduismo o de los griegos o romanos o de alguna otra etnia, azteca, maya, china... sin embargo sorprende que a estos años aún se tenga fe en ellos.

La fe en el Señor es certidumbre, certeza, como dato duro, como realidad no visible, pero realidad divina, de la eternidad, no de la historia ni de fabricación humana.

Fe en él es conlleva un milagro, algo extraordinario, pues implica creerle aun cuando no lo veamos ni nos conste, prueba física de por medio, que nos dará lo prometido.

Fe en Cristo, su resurrección y salvación, además de su ser divino, implica renunciar a la vida secular y su fe en lo material, lo empírico y sensual.

No obstante, la fe es la esfera de lo agradable a Dios, por su naturaleza: vivir en su ambiente, en el de lo divino y eterno, en su palabra expresada por medio del Mesías y sus apóstoles.

4. GOBIERNO TEOCRÁTICO.
No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos (Génsis 49:10).
Para siempre, de paz eterna. Una cara de la fe, es creer que tendremos un gobernante con las características deseadas por Dios.

Este gobernante está fuera del esquema de todo cuadro y paradigma social conocido por los sistemas de gobierno de las culturas del mundo.

Ningún vínculo tiene con la democracia, capitalismo o monarquía conocida. Será un gobernante divino.

De hecho, algo que me alegra, es constatar la corrupción en todo gobierno elegido. En el estado donde vivo, Nuevo León, triunfó en las elecciones un candidato independiente.
En lo personal no abrigo ninguna buena expectativa. Tampoco mala, peor que los gobiernos pasados. En el poco tiempo que lleva en funciones, hemos visto un gobierno que se desdice de promesas, con justificaciones financieras para no cumplir... falta de capacidad para gobernar, prontitud de ejecución, pertinencia para atender necesidades... falta de voluntad... en fin, ¿qué se le puede pedir a un gobernante de este y de todos los siglos?

En mi país, México, hemos tenido dos presidentes de otros partidos que demostraron su total incapacidad para gobernar. Aunque he de decir que el partido de «la dictadura perfecta», con 70 años en el poder tampoco fue mejor.

¿Y en otros países, qué de sus reyes, presidentes o líderes? ¡Es lo mismo! ¿Qué nos dice todo ello? ¡Que jamás tendremos un gobernante justo, recto, íntegro, o de cualidades espirituales sanas y limpias... ¡jamás!

Pero la gente sigue anhelando paz, bienestar, justicia, equidad... Aceptémoslo. Eso jamás se verá bajo ningún gobierno humana. Cuanto más, veremos países con mejoras económicas, como algunos (pocos) europeos, pero nada más.

El gobierno teocrático de Dios se distingue por la paz, justicia, rectitud, santidad, bienestar, armonía...
En La Escritura la paz es evidencia del gobierno de Dios de manera plena: individuo, social, humanidad, planeta, flora, fauna... No hay en él dolor, ni quebranto ni sufrimiento, ni tristeza, angustia, ansiedad, preocupación, enfermedades, muerte, hambre, injusticia, explotación, abuso, pecado, llanto, depresión...

Paz, es el distintivo del gobierno de este representante de Dios, prometido por él por medio de Jacob. Como promesa es también profecía que se cumplirá como todas las hechas hace siglos.
Todo gobierno humano, con sistemas cuales sean, han demostrado su falibilidad y corrupción, iniquidad y abuso de los más poderosos contra los débiles, huérfanos, pobres, desvalidos y vulnerables.

Contrastan, como manifestación de estilo de gobernar, el del Mesías prometido, contra los estilos de este mundo a lo largo de toda su historia.

¿Por qué en cada elección en todo el mundo donde se eligen gobernantes los ciudadanos siguen albergando esperanza de un mejor gobierno? ¡Porque Dios nos diseñó para seguir a un líder justo, recto equitativo, santo, íntegro! Y tal gobernante no es de este mundo. ¡El mundo nos lo echa en cara con cada gobernante elegido o impuesto!

¿Cómo no anhelar pedirle al Señor «Venga tu reino»? Y con ello pedimos «¡venga tu Rey!»
El Mesías prometido ha venido, ha traído el reino de los cielos a nuestras dimensiones y toda categoría humana habrá de ser rendida ante él y su gobierno, de naturaleza espiritual ya a comenzado, y en su segunda venida lo implantará en toda esfera humana, incluyendo las que hoy definimos como políticas, sociales, financieras, comerciales...

5. PROFECÍA DE ADORACIÓN GLOBAL
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No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos (Génesis 49:10)
Desde aquí, Génesis, ya vemos la culminación de Apocalipsis 7:, donde todas las etnias adoran al cordero que fue inmolado.
«...Y A ÉL SE CONGREGARÁN LOS PUEBLOS»
Abram es cambiado de nombre por el Señor, quien lo «bautiza» con un nuevo nombre, «Abraham», padre de pueblos o naciones. Y aquí, Jacob reitera la promesa de Dios a su abuelo, de quien descenderá la bendición de Dios al mundo, al darle, al prometido, la bendición de Abraham, de ser adorado por todos los pueblos de la tierra.

Apocalipsis 7 (y otros pasajes de La Escritura) describen a todas las etnias adorando al Mesías de Dios. No habrá etnia no incluida en la adoración al gobernante de Dios. Jesús, el Mesías, es el Rey de reyes y Señor de Señores esperado, cuya expectación de su venida y reinado es avivada por los gobernantes de hoy.

Su gobierno será de dignificación de todo ser humano. Si bien hemos tenido sistemas de gobierno y filosofías de partidos discriminantes, como quienes proclaman una supremacía racial, lo cierto es que ante los ojos del Señor todo ser humano es creación suya y digna de respeto.

No hay ninguna supremacía de una etnia hacia, aun cuando hoy tengamos asesinatos de personas de raza negra a manos de policías blancos, o exterminio de personas nativas a manos de otros connacionales.

El gobernante de Dios será mundial, será la bendición de Dios a todo ser humano sin discriminar a nadie por su piel, edad, sexo, género u otro motivo.

Todos los pueblos lo adorarán, porque él es la razón de la vida, la bendición de ellos, no ellos la bendición de él.

Dios creó todo el universo para él. En todo caso, ellos son la ofrenda del Padre al hijo, quien le dará al Padre el gobierno también, a semejanza de David, quien no se proclamaba a sí mismo como rey de Israel, sino a Dios como rey de su nación y de todo el mundo.

CRISTO ES SILOH, EL REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES PROMETIDO DESDE EL INICIO DE LA HUMANIDAD. ÉL ES EL CUMPLIMIENTO DE TODA PROMESA, NO LA ETNIA JUDÍA. CRISTO ES EL CENTRO DE TODO, ÉL ES LA BENDICIÓN DE DIOS AL MUNDO, EL ADORADO DE LAS NACIONES.
 Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. 12 Sus ojos, rojos del vino, Y sus dientes blancos de la leche.Génesis 49:11
Por último, en la profecía tenemos a la vid. De ella diremos:

1. VID COMO SÍMBOLO PROFÉTICO.  Cristo dijo «YO SOY LA VID VERDADERA» (Juan 15:1). Él es el pueblo de Dios. Nosotros somos profecía cumplida, porque la vid es símbolo de un pueblo, y Cristo, la vid verdadera, es el pueblo de Dios. ¿Cómo lo sabemos? Por la revelación apostólica: Somos de Dios en Cristo.

En los profetas (cfr Isaías 5), la vid es símbolo del pueblo israelita. Dios hizo mucho por su vid: preparó el terreno, sembró semillas escogidas, plantó en medio un lagar, la protegió con bardas... y las semillas no dieron el fruto de justicia, sino todo lo inesperado, explotación del hombre por el hombre, adulterio, robo, mentira, fraude, asesinatos... todo un mundo de corrupción.
Llevar al exilio a esa malvada vid fue la respuesta del Señor. Sin embargo, la vid, el pueblo israelita, no era «la vid verdadera». Quien sí lo era (y lo sigue siendo) es Jesús, quien dijo: «Yo soy la vid verdadera» y todo miembro unido a él, es del Señor, es parte del pueblo de Dios.
Cristo mismo, en su persona, es «el pueblo de Dios». En él se es «familia de Dios», que vive en armonía, como vimos al principio.

Más símbolos representan al Señor Jesús, como templo, luz, senda o camino... pero como pueblo pocos lo integran a su fe, aun cuando es clara la declaración apostólica de quiénes somos «en Cristo», entre ellos, nuevo pueblo, nueva humanidad, nación santa, pueblo adquirido por Dios...
Una interpretación insostenible es la de centrar en las profecías al pueblo israelita y considerarlo el centro de las profecías del Antiguo Testamento, cuando todo el Nuevo Testamento, al interpretar el Antiguo, extrae textos, uno tras otro, para afirmar, en los evangelios: «para que se cumpliera como está escrito», adjudicándolos al Señor Jesús, el Mesías cristiano.
Y con respecto a las epístolas, Pablo dice que el Israel de Dios es la descendencia de Abraham por la fe (en Gálatas) y en Efesios, que Dios unió a las etnias (judíos y gentiles) y de ambos hizo la nueva humanidad...
Pedro dice que somos «nación santa...» En cristo todos somos nueva criatura. El centro de las profecías es Cristo.
Más contundente aún, lo es Pablo en 2 Corintios 1:20: «...porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios», cuya interpretación, obvia, es que Cristo, no la etnia israelita o judía, es el centro de toda promesa.
Dicho de otra manera, Cristo es el «sí» y el «amén» para toda profecía, el cumplimiento de los propósitos de Dios.  
Por eso, unidos a la vid, al pueblo de Dios, no podemos hacer nada separados de él, ni de su pueblo. Somos uno en Cristo.
2. VIDA DE PLENITUD. Otra faceta de la vid, con sus descripciones aquí es la plenitud que representa, además de la dicha y gozo derivados de su producción.
Vida nueva, vida plena, vida abundante. Pero mejor veámoslo en palabras del mismo Señor Jesús, la vid de Dios.
«Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, y como dice La Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva».
Juan 10:7-18:  Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. 9 Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10 El ladrón no viene sino para hurtar y matarme  y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.