sábado, 25 de agosto de 2007

Sexualidad según la Biblia

Unas estadisticas sobre la sexualidad de hoy
Tomada de Marv Penner, 1 y 2 Corintios, Vida, 2004, pagína 41-42.
  1. ¿Qué porcentaje de los chicos ha tenido relaciones sexuales antes de cumplir 20 años de edad?
  2. De los adolosentes que han admitido haber tenido relaciones xexuales, ¿qué porcentaje dijo haberlo hecho una sola vez?
  3. ¿Qué porcentaje de mujeres en la edad universitaria manifestaron haber sido violadas o atacadas sexualmente entre sus 14 años de edad y la actualidad?
  4. De entre los chicos y chicas de 11 a 13 años, ¿qué porcentaje dice ser sexualmente activo?
  5. De entre las adolocentes que quedaron embarazadas, ¿qué porcentaje volvió a embarazarse en el término de los dos años posteriores?
  6. De entre los estudiantes secundarios, ¿qué porcentaje considera que el aborto es la mejor solución frente a su embarazo?
  7. ¿En qué porcentaje aumentaron la actividad sexual y los casos de embarazos entre los adolescentes desde que pusieron los condones a disposición de los estudiantes secundarios?
  8. De entre los adolescentes que contraen matrimonio por causa de un embarazo, ¿qué porcentaje acaba divorciándose en los siguientes cinco años?

Respuestas:

1. 81%, 2. 20%, 3. 26%, 4. 29% 5. 60%, 6. 56%, 7. 400%, 8. 60%

Un texto bíblico clave sobre la sexualidad:
Por lo demás, hermanos, les pedimos encarecidamente en el nombre del Señor Jesús que sigan progresando en el modo de vivir que agrada a Dios, tal como lo aprendieron de nosotros. De hecho, ya lo están practicando. Ustedes saben cuáles son las instrucciones que les dimos de parte del Señor Jesús. La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo* de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios; y que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él en este asunto. El Señor castiga todo esto, como ya les hemos dicho y advertido. Dios no nos llamó a la impureza sino a la santidad; por tanto, el que rechaza estas instrucciones no rechaza a un hombre sino a Dios, quien les da a ustedes su Espíritu Santo.
(1 Tessalonicenses 4:1-8)