domingo, 18 de noviembre de 2007

una parabola del oasis

Una vez un gran rey estaba en guerra. Su enemigo vivia al otro lado de un gran desierto. Sólo había pocos lugares donde se podía tomar agua dulce en el desierto. Si sus soldados no tormar bien los ojos de agua el rey enemigo los cantaminaba. Muy cerca de castillo del rey malvado había el Oasis más grande del desierto. El tenía esta Oasis muy bien fortificada. Porque sabía si se pierde este fuente de agua dulce ya no podría defenders de rey malo.

Ya por fin el rey bueno estaba cercando al Oasis . Sus tropas habían corrido los enemigos. Pero el rey mal había contaminado el agua. Si podría engañar el ejercito bueno de que el agua era bueno, siendo malo el ejercito bueno iba a morir y el rey malo garnaría la gran batalla. Todo dependía de un engaño. El rey malo habia enduzado el agua. No no sabía igual que el agua dulce, pero era cercana. Todo dependía si los soldados del buen rey podrían disernir que el agua era todavia malo.

Los primeros soldados del buen rey llegaron muy sedientos al Oasis asis y empezaron a tomar el agua. Estaban gozos de que satisfacia su sed muy rapido. No se dieron cuentra que sus ojos estaba quedando ciegos. Como la perdida de vista era poco a poco no estaban dando cuenta que ya no estaban preparados para la guerra. Ellos sentían tan buenos que estaban animando a todos los soldados a dejar sus cantinas por que habían una abundancia de agua.

¿Quién les iba a advertir que el agua no era genuina. ¿Quién iba a avisarles del gran peligro en que estaban cayendo?


Jesús dijo,
"La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estaráen tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
(Mat 6:22-24 RV60)