viernes, 21 de diciembre de 2007

El que habita al abrigo del Altismo Salmo 91

El que habita al abrigo del Altísimo
se acoge a la sombra del Todopoderoso. 
Yo le digo al Señor: "Tú eres mi refugio,
mi fortaleza, el Dios en quien confío." 
Sólo él puede librarte de las trampas del cazador
y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas
y bajo sus alas hallarás refugio.
¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! 
No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que vuela de día, 
ni la peste que acecha en las sombras
ni la plaga que destruye a mediodía. 
Podrán caer mil a tu izquierda,
y diez mil a tu derecha,
pero a ti no te afectará. 
No tendrás más que abrir bien los ojos,
para ver a los impíos recibir su merecido. 
Ya que has puesto al Señor por tu refugio,
al Altísimo por tu protección, 
ningún mal habrá de sobrevenirte,
ninguna calamidad llegará a tu hogar. 
Porque él ordenará que sus ángeles
te cuiden en todos tus caminos. 
Con sus propias manos te levantarán
para que no tropieces con piedra alguna.
Aplastarás al león y a la víbora;
¡hollarás fieras y serpientes! 
"Yo lo libraré, porque él se acoge a mí;
lo protegeré, porque reconoce mi nombre. 
Él me invocará, y yo le responderé;
estaré con él en momentos de angustia;
lo libraré y lo llenaré de honores. 
Lo colmaré con muchos años de vida
y le haré gozar de mi salvación."
(Psa 91:1-16 NVI)

Éste Salmo muestra varias cosas importantes para nuestra vida:
  1. Nuestra meta en la vida debe ser vivir cerca del Altismo.
  2. Es muy fácil conocer las consecuencias de estar cerca de Dios pero debemos tener mucho cuidado de no buscar a Dios por sus beneficios. Si buscamos a Dios por sus beneficios nos perdemos de Dios y de sus beneficios también.
  3. Podemos vivir en sacrificio a Dios, llevando a cabo la tarea que Cristo nos dejó, en plena confianza que Él siempre nos va a cuidar. Si no confiamos completamente en Dios nos preocuparemos de ser "prósperos" en cambio si confiamos en Dios no nos preocupamos de perder nuestra vida porque sabemos que Dios nos cuida. Como dice Jesús, "Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará" (Mat 16:25).
  4. La meta de nuestra vida es servir para Dios, sin importar si nos cuesta la vida. No importa si somos ricos y poderosos, o famosos y con buena salud. Sólo importa si vivimos para Él. Los cantos solían concentrarse en vivir para Él y no para nosotros mismos.
"Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven" (Rom 14:7-9 NVI).